Nunca un gesto tan pequeño me pareció tan bonito.

En Hospitales Musicoterapia y Creatividad

Todas las semanas vamos al Centro Lescer para realizar nuestras sesiones de musicoterapia. Cada jornada es diferente, pero la de hoy ha sido única. Subimos a la tercera planta acompañados de nuestros instrumentos, con el seguimiento de cada paciente muy presente y pensando « a ver cómo estará hoy» .

Estamos Javier, Bianca y yo, como técnica de comunicación.. , llevo meses viviendo y acompañando en las sesiones de musicoterapia que hacemos en los centros de día, hospitales… Pero las de Lescer son muy especiales y es que se dirigen a personas con afectación neurológica.

Son sesiones personalizadas e individuales. Solo el musicoterapeuta, la música y el paciente, algo muy intenso que se palpa en el aire. 

Llegamos a la primera visita, Javier saca la guitarra y empieza a tocar. Va modulando el tono y adaptando los tiempos mientras observa la reacción de cada persona. Al terminar cada sesión, los comentarios de Javier y Bianca te hacen darte cuenta de lo que realmente está pasando: «¡Uau! Qué bien hoy, ¿has visto cómo movía los dedos?». «Sí, hacía meses que no lo hacía».

Siempre me sorprende, tienen que conocer muchísimo a la persona. Un vínculo real.

 

Ahora nos espera Adrián. Tiene veintipocos años. Al verle, es inevitable pensar en su juventud, en la música que le apasiona y en todo lo que debería estar viviendo a su edad. Sin embargo, con el ocio terapéutico aprendes rápido a soltar las hipótesis para abrazar el presente y convivir con la realidad. Y la realidad hoy es cuidarle, acompañarle y ofrecerle un espacio de calma.

Y ahí empieza Javier de nuevo a tocar y de repente algo increíble. No puedes imaginar su reacción tan grande. «Ese ha sido el pestañeo más largo y bonito que he visto en mi vida».

Entonces, unos minutos después, llegaría mi propio pestañeo pero por una reacción muy diferente, pero bonita: esa lagrimita en el ojo de emoción al ver ilusionarse a alguien que realmente lo necesita. 

«Qué atento y expresivo estaba hoy. ¡Lo ha disfrutado!». Decía Javier mientras salíamos de la sala.

En ese instante el mundo se para y todo lo demás pierde significado. «En esto es en lo que quiero aportar», pienso. 

Llevo tiempo acompañando estas dinámicas en la Fundación y a muchas personas en situación de vulnerabilidad, pero una nunca se acostumbra. En cada actividad, ya sea con mayores con Alzheimer, con pacientes oncológicos… Siempre vuelve el mismo sentimiento: «Esto vale la pena. Estamos creando un cambio… »

Y sentía que lo tenía que compartir.

Hoy te animamos, y te animo, a vivir el impacto del bienestar emocional de cerca. 

Puedes rellenar el formulario de voluntariado para vivir lo que hacemos en persona o, también puedes colaborar con una donación para que historias como esta sigan siendo posibles. 

*Hemos sustituido el nombre del paciente por derechos de privacidad