¡Vuelven las sesiones presenciales de musicoterapia para mayores con Alzheimer!

¡Vuelven las sesiones presenciales de musicoterapia para mayores con Alzheimer!

¡Hemos vuelto! Aunque realmente, nunca nos fuimos. 

El 14 de febrero terminamos una de nuestras sesiones de musicoterapia junto a mayores con Alzheimer. Como es habitual, hicimos acopio de todos los instrumentos utilizados durante la sesión:  tubos, piano, guitarras y una decena de yembés, los colocamos en nuestro carro como un auténtico tetris y nos despedimos hasta la siguiente sesión. Lo que no esperábamos es que entre esa sesión y la siguiente fueran a pasar ocho largos meses. 

Después de todos estos meses llevando las sesiones de musicoterapia a las casas de los mayores con Alzheimer con vídeos de nuestro musicoterapeuta Javier Alcántara, hemos vuelto a ver a nuestros amigos de Afamso y Torrafal para retomar las sesiones en vivo. 

Hemos vuelvo, de manera diferente, con mascarillas, con distancia, con litros de alcohol (desinfectante), pero con las ganas y la ilusión de siempre. Habríamos vuelto con una escafandra si hubiera sido necesario para garantizar el bienestar físico y emocional de nuestros mayores. 

Al entrar, los primeros minutos fueron extraños. Después de tanto tiempo, aún se hace difícil tener que prescindir del contacto físico para saludar cariñosamente a alguien, o ver las sonrisas del reencuentro solo a través de los ojos. Aún así, nuestra alegría y la suya (profesionales y afectados) se percibía aún con los ojos cerrados. 

Comenzamos la sesión, les entregamos a cada uno de los participantes los tubos de percusión (con el protocolo previo de desinfección), y es entonces, justo en ese momento, cuando pareció que el  tiempo se hubiera detenido en el mes de febrero. Incluso aquellos que ya no nos reconocían después de estos meses, tocaron con la soltura y la confianza que proporciona la continuidad de las sesiones. El resto de la sesión fue un festival de sonidos, complicidad y emociones positivas que llenaron del alegría el corazón de quienes nos encontrábamos allí. 

La música volvió a sonar, en vivo, y volvimos a sentir cómo las emociones eran expresadas a través de los instrumentos y los ritmos. 

Y es que, hemos vuelto, aunque realmente nosotros, y la música, nunca nos fuimos. 

Deja una respuesta