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¿Para qué sirve realmente el voluntariado corporativo? Hacemos las Olimpiadas 2026 con EY.
Hay días en los que el trabajo diario nos engulle. Días de pantalla, correos infinitos, reuniones que se solapan y la sensación de ir con el piloto automático puesto. Y, de repente, llega el día del voluntariado corporativo. Ese al que la empresa ha hecho que “te apuntes” o al que has llegado por recomendación de un compañero… Y oye, al principio piensas que con estar un día fuera de la oficina y cambiar de aires, ya te parece bien.
Pero entonces ocurre algo inesperado
Cuando salir de la oficina te cambia la mirada
El voluntariado corporativo no va de «cumplir con la RSC» ni de poner un tic en un informe de sostenibilidad. Va de personas conectando con personas. De quitarnos la etiqueta de «CEO» o «CTO» para ponernos la de seres humanos compartiendo un rato de vida.
En Fundación Diversión Solidaria lo comprobamos en cada jornada. Cuando una empresa decide salir de sus cuatro paredes para sumergirse en una actividad de ocio terapéutico, algo en el ambiente cambia por completo.
Para las personas en situación de vulnerabilidad social, para los mayores o para los pequeños que superan barreras día a día, esa jornada es un soplo de aire fresco, una inyección de autoestima y una demostración de que no están solos. Y ahí llega el voluntariado corporativo: con las manos llenas y con muchas ganas de sumar.
Hoy te presentamos las Olimpiadas 2026 con EY, celebradas junto con el Colegio ordinario Ciudad de Badajoz y el Colegio Público de Educación Especial Juan XXIII.
Cinco equipos, nueve pruebas y líderes corporativos
Divididos en cinco equipos con nombres de sedes olímpicas históricas (Barcelona 92, Atlanta 96, Atenas 2004, Londres 2012 y París 2024), los chicos y chicas recorrieron un circuito de ocho bases diseñadas para poner a prueba su destreza, su trabajo en equipo y, sobre todo, sus ganas de pasárselo bien:
- Baloncesto en silla de ruedas y bicis adaptadas: Ponerse en la piel del otro.
- Fútbol para ciegos y pesca olímpica: Ejercicio de pura confianza ciega donde el sentido del oído y el trabajo en equipo lo eran todo.
- Boccia y tiro con arco con ventosa: Precisión y paciencia.
- Taller de banderas y pintacaras: Espacios para la creatividad.
No podemos describir con palabras lo divertida e inclusiva que fue la actividad, aunque esperamos que las imágenes te ayuden a sentir un poquito de lo que vivimos.
Pero el verdadero «efecto secundario» le ocurre al profesional voluntario. Quien llega pensando que viene a «ayudar», se vuelve a casa dándose cuenta de que ha recibido muchísimo más de lo que ha dado. El impacto de ver a alguien sonreír, de compartir una carcajada y de haber sido el motivo por el cual otra persona ha tenido un día inolvidable, te reordena las prioridades en un segundo.






Más allá del impacto social: el motor de equipos
Las empresas las forman personas, y el bienestar emocional no se queda en la puerta de la oficina. El voluntariado corporativo sirve para:
- Descubrir a quien tienes al lado: Colaborar en un entorno fuera de la rutina ayuda a descubrir facetas, habilidades y una empatía en tus compañeros que las reuniones del día a día no dejan ver.
- Reconectar con el propósito: Saber que la empresa para la que trabajas dedica tiempo y recursos reales a impactar de forma directa en la comunidad genera un orgullo de pertenencia que no se compra con ningún beneficio social.
- Aprender a mirar con otros ojos: Nos rompe los prejuicios, nos baja las pulsaciones y nos enseña a valorar lo verdaderamente importante.
Al final, regalar un rato de ocio con sentido es la herramienta más potente para recordar que el bienestar es contagioso.
Descubre cómo podemos diseñar juntos
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